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SEMANA SANTA en la Colegiata |
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El tiempo de Cuaresma continúa hasta el jueves. A partir de la misa vespertina, "en la Cena del Señor", comienza el Triduo Pascual, que continúa durante el Viernes y el Sábado Santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección. DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del Misterio Pascual se ha de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día. La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso "Hosanna". Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, además de la procesión solemne que se acaba de describir, el Misal ofrece otras dos posibilidades, no para fomentar la comodidad y la facilidad, sino en previsión de las dificultades que puedan impedir la organización de una procesión. La segunda forma de la conmemoración es una entrada solemne, que tiene lugar cuando no puede hacerse la procesión fuera de la iglesia. La tercera forma es la entrada sencilla, que ha de hacerse en todas las misas de este domingo en las que no ha tenido lugar la entrada solemne. MISA CRISMAL
La Misa
Crismal, en la cual el Obispo que concelebra con su presbiterio consagra
el Santo Crisma y bendice los demás óleos, es una manifestación de la
comunión existente entre el Obispo y sus presbíteros en el único y mismo
sacerdocio y ministerio de Cristo. Para esta Misa ha de convocarse a los
presbíteros de las diversas partes de la diócesis para concelebrar con el
Obispo, y han de ser testigos y cooperadores en la consagración del
Crisma, del mismo modo que en el ministerio cotidiano son sus
colaboradores y consejeros. Conviene que se invite encarecidamente también
a los fieles a participar en esta Misa, y que en ella reciban el
sacramento de la Eucaristía. CELEBRACIÓN PENITENCIAL DE FINAL DE LA CUARESMA Es muy conveniente que el tiempo de la Cuaresma termine, tanto para cada uno de los fieles como para toda la comunidad cristiana, con alguna celebración penitencial que prepare a una más plena participación en el Misterio Pascual. DEL TRIDUO PASCUAL EN GENERAL La Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención de los hombres desde la misa vespertina del Jueves Santo "en la Cena del Señor" hasta las Vísperas del domingo de Resurrección. Este período de tiempo se denomina justamente el "triduo del crucificado, sepultado y resucitado"; se llama también "Triduo Pascual" porque con su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir, el tránsito del Señor de este mundo al Padre. En esta celebración del misterio, por medio de los signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión con Cristo, su Esposo. LA MISA VESPERTINA DEL JUEVES SANTO "EN LA CENA DEL SEÑOR" "Con la misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo Pascual y evoca aquella última Cena en la cuál el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los Apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen." Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraternal. Para la reserva del Santísimo Sacramento prepárese un altar o una capilla, convenientemente adornada, que invite a la oración y a la meditación; se recomienda no perder de vista la sobriedad y la austeridad que corresponden a la liturgia de estos días. Cuando el Sagrario está habitualmente colocado en una capilla separada de la nave central, conviene que se disponga allí el lugar de la reserva y de la adoración. El lavatorio de los pies, que, según la tradición, se hace en este día, significa el servicio y el amor de Cristo, que "no ha venido para que le sirvan, sino para servir". Conviene que esta tradición se mantenga y se explique según su propio significado. Invítese a los fieles a una adoración prolongada del Santísimo Sacramento en la reserva solemne, después de la misa "en la Cena del Señor". En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio según san Juan (capítulos 13-17). Pasada la medianoche, la adoración debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor. VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR En este día, en que "ha sido inmolada nuestra víctima Pascual: Cristo", la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación de todo el mundo. El Viernes de la Pasión del Señor es un día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia por medio de la abstinencia y el ayuno. La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres (15 horas). Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente: por ejemplo, desde el mediodía hasta el atardecer, pero nunca después de las nueve de la noche (21 horas). DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA "Toda la celebración de la Vigilia Pascual debe hacerse durante la noche. Por ello, no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo." Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contraria que poco a poco se haya introducido, y que suponga la celebración de la Vigilia Pascual a la hora en que habitualmente se celebran las misas vespertinas antes de los domingos, ha de corregirse. Las razones presentadas a veces para justificar la anticipación de la Vigilia Pascual, por ejemplo, la inseguridad pública, no se tienen en cuenta en el caso de la noche de Navidad o de reuniones de otro género. La celebración de la Vigilia Pascual se desarrolla de la siguiente manera: después del Lucernario o del Pregón Pascual (que es la primera parte de la Vigilia), la Santa Iglesia contempla las maravillas que el Señor Dios realizó desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la palabra), hasta que, acompañada ya de sus nuevos hijos renacidos en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa preparada por el Señor para la Iglesia, memorial de su Muerte y Resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte ).
En el
modo de anunciar la celebración de la Vigilia Pascual, evítese presentarla
como el último acto del "Sábado Santo". Dígase, más bien, que la Vigilia
Pascual se celebra "en la noche de la Pascua", y precisamente como una
celebración unitaria. Se recomienda encarecidamente a los pastores que en
la formación de los fieles insistan en la conveniencia de participar en
toda la Vigilia Pascual. EL DÍA DE PASCUA La misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua bendecida durante la celebración de la Vigilia; durante la aspersión se puede cantar la antífona Vidi aquam u otro canto de índole bautismal. Con la misma agua bendecida conviene llenar los recipientes (pilas) que se hallan a la entrada de la iglesia. LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA En la Semana Santa hacemos memoria del Misterio Pascual del Señor que se celebra sacramentalmente en el templo, se vive en el corazón y se manifiesta en la calle. Las salidas procesionales y estaciones de penitencia que nacen de la liturgia y a ella deben conducir, pueden llegar a ser, si se hacen con devoción y dignidad cristiana, valiosas catequesis plásticas en sus recorridos por las calles. Son una predicación del Misterio Pascual, esto es, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Se puede afirmar que son fe que se hace cultura, expresión estética de un corazón creyente, fe que se hace sentimiento, sentimiento que lleva a la fe. En las procesiones se contemplan las páginas evangélicas hechas carne de madera viviente por los imagineros, y hacen vivir el Evangelio a aquellos que las contemplan con verdadero espíritu de fe. Mas en www.archimadrid.es
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Las Meditaciones del Via Crucis escritas por el Papa Juan Pablo II para el Año Santo 2000
ORACIÓN INICIAL
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24). Desde hace veinte siglos, la Iglesia se reúne esta tarde para recordar y revivir los acontecimientos de la última etapa del camino terreno del Hijo de Dios. Hoy, como cada año, la Iglesia que está en Roma se congrega en el Coliseo para seguir las huellas de Jesús que, «cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se flama Gólgota» (Jn 19, 17).
Estamos aquí, conscientes de que el Viacrucis del Hijo de Dios no fue
simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del
Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que han visto y hecho todos
aquellos que han tomado parte este, drama, nos hablan continuamente, En su
pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el
hombre. En este año jubilar queremos reflexionar con particular intensidad sobre
el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor
a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica
participación. Participar significa tener parte. ¿Qué quiere decir tener parte
en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que
esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de este
amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos
cada vez más por este amor, caminar... Caminar a través de la vida, imitando a
Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra
del trono de Dios» (Hb 12, 2). Oremos Señor Jesucristo, colma nuestros corazones
con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino,
sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en
los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos. R/. Amén.

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
«¿Eres tú el Rey de los judíos?» (Jn 18, 33) «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí» (Jn 18, 36). Entonces Pilato le dijo: «Luego, ¿tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Con esto, el procurador romano consideró terminado el interrogatorio. Volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él» (cf. Jn 18, 37-38) El drama de Pilato se oculta tras la pregunta: «¿qué es la verdad?». No era una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la verdad, sino una pregunta existencial sobre la propia relación con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla. El hombre que no se deja guiar por la verdad, llega a ser capaz incluso de emitir una sentencia de condena de un inocente. Los acusadores intuyen esta debilidad de Pilato y por eso no ceden. Reclaman con obstinación la muerte en cruz. La decisiones a medias, a las que recurre Pilato, no le sirven de nada. No es suficiente infligir al acusado la pena cruel de la flagelación. Cuando el Procurador presenta a la muchedumbre a un Jesús flagelado y coronado de espinas, parece como si con ello quisiera decir algo que, a su entender, debería doblegar la intransigencia de la plaza. Señalando a Jesús, dice: «Ecce homo!».. «Aquí tenéis al hombre». Pero la respuesta es: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Pilato intenta entonces negociar: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él» (cf. Jn 19, 5-7). Está cada vez más convencido de que el imputado es inocente, pero esto no le basta para emitir una sentencia absolutoria. Entonces, los acusadores recurren a un argumento decisivo: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César» (Jn 19, 12). Es una amenaza muy clara. Intuyendo el peligro, Pilato cede definitivamente y emite la sentencia, si bien con el gesto ostentoso de lavarse las manos: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis» (Mt 27, 24). Así fue condenado á la muerte en cruz Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor del mundo. A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes. Por ello Cristo imploró con tanto fervor por sus discípulos de todos los tiempos: Padre, «Santificalos en la verdad: tu Palabra es verdad» (Jn 17, 17). ORACIÓN Cristo, qué aceptas una condena injusta, concédenos, a nosotros y a los hombres de todos los tiempos, la gracia de ser fieles a la verdad y no permitas que caiga sobre nosotros y sobre los que vendrán después de nosotros el peso de la responsabilidad por el sufrimiento de los inocentes. A ti, Jesús, Juez justo, honor y gloria por los siglos de los siglos. R/.Amén.
SEGUNDA ESTACIÓN:
JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS La cruz. Instrumento de una muerte infame. No era lícito condenar a la muerte en cruz a un ciudadano romano: era demasiado humillante. Pero el momento en que Jesús de Nazaret cargó con la cruz para llevarla al Calvario. marcó un cambio en la historia de la cruz. De ser signo de muerte infame, reservada a las personas de baja categoría, se convierte en llave maestra. Con su ayuda, de ahora en adelante, el hombre abrirá la puerta de las profundidades del misterio de Dios. Por medio de Cristo, que acepta la cruz, instrumento del propio despojo, los hombres sabrán que «Dios es amor». Amor inconmensurable: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Esta verdad sobre Dios se ha revelado a través de la cruz. ¿No podía revelarse de otro modo? Tal vez sí. Sin embargo, Dios ha elegido la cruz. El Padre ha elegido la cruz para su Hijo, y el Hijo la ha cargado sobre sus hombros, la ha llevado hasta al monte Calvario y en ella ha ofrecido su vida. «En la cruz está el sufrimiento, en la cruz está la salvación, en la cruz hay una lección de amor. Oh Dios, quien te ha comprendido una vez, ya no desea ni busca ninguna otra cosa» (Canto cuaresmal polaco) La Cruz es signo de un amor sin límites ORACIÓN Cristo, que aceptas la cruz de las manos de los hombres para hacer de ella un signo del amor salvífico de Dios por el hombre, concédenos, a nosotros y a los hombres de nuestro tiempo la gracia de la fe en este infinito amor, para que, transmitiendo al nuevo milenio el signo de la cruz, seamos auténticos testigos de la Redención. A ti. Jesús, Sacerdote y Víctima, alabanza y gloria por los siglos de los siglos R/.Amén.
TERCERA ESTACIÓN:
JESÚS CAE POR LA PRIMERA VEZ «Dios cargó sobre él los pecados de todos nosotros» (cf. Is 53, 6). «Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y el Señor descargó sobre él la culpa de todos nosotros» (Is 53, 6). Jesús cae bajo el peso de la cruz. Sucederá tres veces durante el camino relativamente corto de la «vía dolorosa». Cae por agotamiento. Tiene el cuerpo ensangrentado por la flagelación, la cabeza coronada de espinas Le faltan las fuerzas. Cae, pues, y la cruz lo aplasta con su peso contra la tierra. Hay que volver a las palabras del profeta, que siglos antes ha previsto esta caída, casi como si la estuviera viendo con sus propios ojos: ante el Siervo del Señor, entierra bajo el peso de la cruz, manifiesta el verdadero motivo de la caída: «Dios cargó sobre él los pecados de todos nosotros». Han sido los pecados los que han aplastado contra la tierra al divino Condenado. Han sido ellos los que determinan el peso de la cruz que él lleva a sus espaldas. Han sido los pecados los que han ocasionado su caída. Cristo se levanta a duras penas para proseguir el camino. Los soldados que lo escoltan intentan instigarle con gritos y golpes. Tras un momento, el cortejo prosigue. Jesús cae y se levanta. De este modo, el Redentor del mundo se dirige sin palabras a todos los que caen. Les exhorta a levantarse. «El mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados» (1 Pe 2, 24). ORACIÓN Cristo, que caes bajo el peso de nuestras culpas y te levantas para nuestra justificación, te rogamos que ayudes a cuantos están bajo el peso del pecado a volverse a poner en pie y reanudar el camino. Danos la fuerza del Espíritu, para llevar contigo la cruz de nuestra debilidad. A ti, Jesús, aplastado por el peso de nuestras culpas, nuestro amor y alabanza por los siglos de los siglos R/.Amén.
CUARTA ESTACIÓN:
JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33). María recordaba estas palabras. Las consideraba a menudo en la intimidad de su corazón. Cuando en el camino hacia la cruz encontró a su Hijo, quizás le vinieron a la mente precisamente estas palabras. Con una fuerza particular. «Reinará.... Su reino no tendrá fin», había dicho el mensajero celestial. Ahora, al ver que su Hijo, condenado a muerte, lleva la cruz en la que habría de morir, podría preguntarse, humanamente hablando: ¿Cómo se cumplirán aquellas palabras? ¿De qué modo reinará en la casa de David? ¿Cómo será que su reino no tendrá fin? Son preguntas humanamente comprensibles. María, sin embargo, recuerda que tiempo atrás, al oír el anuncio del Ángel, había contestado: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Ahora ve que aquellas palabras se están cumpliendo como palabra de la cruz. Porque es madre, María sufre profundamente. No obstante, responde también ahora como respondió entonces, en la anunciación: «Hágase en mí según tu palabra». De este modo, maternalmente, abraza la cruz junto con el divino Condenado. En el camino hacia la cruz. María se manifiesta como Madre del Redentor del mundo. «Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta» (Lm 1,12). Es la Madre Dolorosa la que habla, la Sierva obediente hasta el final, la Madre del Redentor del inundo. ORACIÓN Oh María, tú que has recorrido el camino de la cruz junto con tu Hijo, quebrantada por el dolor en tu corazón de madre, pero recordando siempre el «fiat» e íntimamente confiada en que Aquél para quien nada es imposible cumpliría sus promesas, suplica para nosotros y para los hombres de las generaciones futuras la gracia del abandono en el amor de Dios. Haz que, ante el sufrimiento, cl rechazo y la prueba, por dura y larga que sea, jamás dudemos de su amor. A Jesús, tu Hijo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. R/.Amén.
QUINTA ESTACIÓN:
SIMÓN DE CIRENE LLEVA LA CRUZ DE JESÚS Obligaron a Simón (cf. Mt 15, 21). Los soldados romanos lo hicieron temiendo que el Condenado, agotado, no lograra llevar la cruz hasta el Gólgota. No habrían podido ejecutar en él la sentencia, de la crucifixión. Buscaban a un hombre que lo ayudase a llevar la cruz. Su mirada se detuvo en Simón. Lo obligaron a cargar aquel peso. Se puede uno imaginar que él no estuviera de acuerdo y se opusiera. Llevar la cruz junto con un condenado podía considerarse un acto ofensivo de la dignidad de un hombre libre. Aunque de mala gana, Simón tomó la cruz para ayudar a Jesús. En un canto de cuaresma se escuchan estas palabras: «Bajo el peso de la cruz Jesús acoge al Cireneo». Son palabras que dejan entrever un cambio total de perspectiva: el divino Condenado aparece como alguien que, en cierto modo, «hace don» de la cruz. ¿Acaso no fue El quien dijo: «El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí?» (Mt 10,38). Simón recibe un don. Se ha hecho «digno» de él. Lo que a los ojos de la gente podía ofender su dignidad, en la perspectiva de la redención, en cambio, le ha otorgado una nueva dignidad. El Hijo de Dios le ha convertido, de manera singular, en copartícipe de su obra salvífica. ¿Simón, es consciente de ello? El evangelista Marcos identifica a Simón de Cirene como «padre de Alejandro y de Rufo» (15, 21). Si los hijos de Simón de Cirene eran conocidos en la primitiva comunidad cristiana, se puede pensar también él haya creído en Cristo, precisamente mientras llevaba la cruz. Pasó libremente de la constricción a la disponibilidad, como si hubieran llegado a su corazón aquellas palabras: «El que no lleva su cruz conmigo, no es digno de mí». Llevando la cruz, fue introducido en el conocimiento del evangelio de la cruz. Desde entonces este evangelio habla a muchos, a innumerables cireneos, llamados a lo largo de la historia a llevar la cruz junto con Jesús. ORACIÓN Cristo, que has concedido a Simón de Cirene la dignidad de llevar tu cruz, acógenos también a nosotros bajo su peso, acoge a todos los hombres y concede a cada uno la gracia de la disponibilidad. Haz que no apartemos nuestra mirada de quienes están oprimidos por la cruz de la enfermedad, de la soledad, del hambre y de la injusticia. Haz que, llevando las cargas los unos de los otros, seamos testigos del evangelio de la cruz y testigos de ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/.Amén.
SEXTA ESTACIÓN:
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS La Verónica no aparece en los Evangelios. No se menciona este nombre, aunque se citan los nombres de diversas mujeres que aparecen junto a Jesús. Puede ser, pues, que este nombre exprese más bien lo que esa mujer hizo.. En efecto, según la tradición, en el camino del calvario una mujer se abrió paso entre los soldados que escoltaban a Jesús y enjugó con un velo él sudor y la sangre del rostro del Señor. Aquel rostro quedó impreso en el velo; un reflejo fiel, un «verdadero icono». A eso se referiría el nombre mismo de Verónica. Si es así, este nombre, que ha hecho memorable el gesto de aquella mujer, expresa al mismo tiempo la más profunda verdad sobre ella. Un día, ante la crítica de los presentes, Jesús defendió a una mujer pecadora que había derramado aceite perfumado sobre sus pies y los había enjugado con. sus cabellos. A la objeción que se le hizo en aquella circunstancia, respondió: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una obra buena ha hecho conmigo (...). Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho» (Mt 26,10.12). Las mismas palabras podrían aplicarse también a la Verónica. Se manifiesta así la profunda elocuencia de este episodio. El Redentor del mundo da a Verónica una imagen auténtica de su rostro. El velo, sobre el que queda impreso el rostro de Cristo, es un mensaje para nosotros. En cierto modo nos dice: He aquí cómo todo acto bueno, todo gesto de verdadero amor hacia el prójimo aumenta en quien lo realiza la semejanza con el Redentor del mundo. Los actos de amor no pasan. Cualquier gesto de bondad, de comprensión y de servicio deja en el corazón del hombre una señal indeleble, que lo asemeja un poco más a Aquél que «se despojó de sí mismo tomando condición de siervo» (Flp 2,7). Así se forma la identidad, el verdadero nombre del ser humano. ORACIÓN Señor Jesucristo, tú que aceptaste el gesto desinteresado de amor de una mujer y, a cambio, has hecho que las generaciones la recuerden con el nombre de tu rostro, haz que nuestra obras, y las de todos los que vendrán después de nosotros, nos hagan semejantes a ti y dejen al mundo el reflejo de tu infinito amor. Para ti, Jesús, esplendor de la gloria del Padre, alabanza y gloria por los siglos. R/.Amén.
SÉPTIMA ESTACIÓN:
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ «Y yo gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo» (Sal 22[21] 11,7). Vienen a la mente estas palabras del salmo mientras contemplamos a Jesús, que cae por segunda vez bajo la cruz. En el polvo de la tierra está el Condenado. Aplastado por el peso de su cruz. Cada vez más le fallan sus fuerzas. Pero, aunque con gran esfuerzo, se levanta para seguir el camino: ¿Qué nos dice a nosotros, hombres pecadores, esta segunda caída? Más aún que de la primera, parece exhortarnos a levantarnos, a levantarnos otra vez en nuestro camino de la cruz. Cyprian Norwid escribe: «No detrás de sí mismos con la cruz del Salvador, sino detrás del Salvador con la propia cruz». Sentencia breve pero que dice mucho. Explica en qué sentido el cristianismo es la religión de la cruz. Deja entender que cada hombre encuentra en este mundo a Cristo que lleva la cruz y cae bajo su peso. A su vez, Cristo, en el camino del Calvario, encuentra a cada hombre y, cayendo bajo el peso de la cruz, no deja de anunciar la buena nueva. Desde hace dos mil años el evangelio de la cruz habla al hombre. Desde hace veinte siglos Cristo, que se levanta de la caída, encuentra al hombre que cae. A lo largo de estos dos milenios, muchos han experimentado que la caída no significa el final del camino. Encontrando al Salvador, se han sentido sosegados por Él: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad» (2 Co 12,9). Se han levantado confortados y han transmitido al mundo la palabra de la esperanza que brota de la cruz. Hoy, cruzado el umbral del nuevo milenio, estamos llamados a profundizar el contenido de este encuentro. Es necesario que nuestra generación lleve a los siglos venideros la buena nueva de nuestro volver a levantarnos en Cristo. ORACIÓN Señor Jesucristo, que caes bajo el peso del pecado del hombre y te levantas para tomarlo sobre ti y borrarlo, concédenos a nosotros, hombres débiles, la fuerza de llevar la cruz de cada día y de levantarnos de nuestras caídas, para llevar a las generaciones que vendrán el Evangelio de tu poder salvífico. A ti, Jesús, soporte de nuestra debilidad, la alabanza y la gloria por los siglos. R/.Amén.
OCTAVA ESTACIÓN:

JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» (Lc 23, 28-3 1) Son las palabras de Jesús a las mujeres, que lloraban mostrando compasión por el Condenado. «No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos». Entonces era verdaderamente difícil entender el sentido de estas palabras. Contenían una profecía que pronto habría de cumplirse. Poco antes, Jesús había llorado por Jerusalén, anunciando la horrenda suerte que le iba a tocar. Ahora, Él parece remitirse a esa predicción: «Llorad por vuestros hijos...». Llorad, porque ellos, precisamente ellos, serán testigos y partícipes de la destrucción de Jerusalén, de esa Jerusalén que «no ha sabido reconocer el tiempo de la visita» (Lc 19,44). Si, mientras seguimos a Cristo en el camino de la cruz, se despierta en nuestros corazones la compasión por su sufrimiento, no podemos olvidar esta advertencia. «Si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?». Para nuestra generación, que deja atrás un milenio, más que de llorar por Cristo martirizado, es la hora de «reconocer el tiempo de la visita». Ya resplandece la aurora de la resurrección. «Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación» (2 Co 6, 2). Cristo dirige a cada uno de nosotros estas palabras del Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono» (3, 20-2 1). ORACIÓN Cristo, que has venido a este mundo para visitar a todos los que esperan la salvación, haz que nuestra generación reconozca el tiempo de tu visita y tenga parte en los frutos de tu redención. No permitas que por nosotros y por los hombres del nuevo siglo se tenga que llorar porque hayamos rechazado la mano del Padre misericordioso. A ti, Jesús, nacido de la Virgen, Hija de Sión, honor y gloria por los siglos de los siglos. R/.Amén.
NOVENA
ESTACIÓN:

JESÚS CAE POR TERCERA VEZ Cristo se desploma de nuevo a tierra bajo el peso de la cruz. La muchedumbre que observa, está curiosa por saber si aún tendrá fuerza para levantarse. San Pablo escribe: «El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz?» (Flp 2,6-8). La tercera caída parece manifestar precisamente esto: El despojo, la kenosis del Hijo de Dios, la humillación bajo la cruz: Jesús había dicho a los discípulos que había venido no para ser servido, sino para servir (cf. Mt 20,28). En el Cenáculo, inclinándose en tierra y lavándoles los pies, parece como si hubiera querido habituarlos a esta humillación suya. Cayendo a tierra por tercera vez en el camino de la cruz, de nuevo proclama a gritos su misterio. ¡Escuchemos su voz! Este condenado, en tierra, bajo el peso de la cruz, ya en las cercanías del lugar del suplicio, nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). «El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). Que no nos asuste la vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se acerca, esconde en sí misma la luz de la vida. ORACIÓN Señor Jesucristo, que por tu humillación bajo la cruz has revelado al mundo el precio de su redención, concede a los hombres del tercer milenio la luz de la fe, para que reconociendo en ti al Siervo sufriente de Dios y del hombre, tengamos la valentía de seguir el mismo camino, que a través de la cruz y el despojo, lleva a la vida que no tendrá fin. A ti, Jesús, apoyo en nuestra debilidad, honor y gloria por los siglos. R/. Amén.
DÉCIMA ESTACIÓN:
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS, LE DAN A BEBER HIEL Y VINAGRE. «Después de probarlo, no quiso beberlo» (Mt 27,34). No quiso calmantes, que le habrían nublado la conciencia durante la agonía. Quería agonizar en la cruz conscientemente, cumpliendo la misión recibida del Padre. Esto era contrario a los métodos usados por los soldados encargados de la ejecución. Debiendo clavar en la cruz al condenado, trataban de amortiguar su sensibilidad y consciencia. En el caso de Cristo no podía ser así. Jesús sabe que su muerte en la cruz debe ser un sacrificio de expiación. Por eso quiere mantener despierta la consciencia hasta el final. Sin ésta no podría aceptar, de un modo completamente libre, la plena medida del sufrimiento. En efecto, Él debe subir a la cruz para ofrecer el sacrificio dé la Nueva Alianza. Él es Sacerdote. Debe entrar mediante su propia sangre en la morada eterna, después de haber realizado la redención del mundo (cf. Hb 9, 12). Consciencia y libertad: son los requisitos imprescindibles del actuar plenamente humano. El mundo conoce tantos medios para debilitar la voluntad y. ofuscar la consciencia. Es necesario defenderlas celosamente de todas las violencias. Incluso el esfuerzo legítimo por atenuar el dolor debe realizarse siempre respetando la dignidad humana. Hay que comprender profundamente el sacrificio de Cristo, es necesario unirse a él para óo rendirse, para no permitir que la vida y la muerte pierdan su valor. ORACIÓN Señor Jesús, que con total entrega has aceptado la muerte de cruz por nuestra salvación, haznos a nosotros y a todos los hombres del mundo partícipes de tu sacrificio en la cruz, para que nuestro existir y nuestro obrar tengan la forma de una participación libre y consciente en tu obra de salvación. A ti, Jesús, sacerdote y víctima, honor y gloria por los siglos. R/.Amén.
DECIMOPRIMERA ESTACIÓN:
JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ «Han taladrado mis manos y mis pies, puedo contar todos mis huesos» (Sal 21 [22], 17-18). Se cumplen las palabras del profeta. Comienza la ejecución. Los golpes de los soldados aplastan contra el madero de la cruz las manos y los pies del condenado. En las muñecas de las manos, los clavos penetran con fuerza. Esos clavos sostendrán al condenado entre los indescriptibles tormentos de la agonía. En su cuerpo y en su espíritu de gran sensibilidad. Cristo sufre lo indecible. Junto a él son crucificados dos verdaderos malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Se cumple así la profecía: «con los rebeldes fue contado» (Is 53,12). Cuando los soldados levanten la cruz, comenzará una agonía que durará tres horas. Es necesario que se cumpla también esta palabra: «Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32). ¿Qué es lo que «atrae» de este condenado agonizante en la cruz? Ciertamente, la vista de un sufrimiento tan intenso despierta compasión. Pero la compasión es demasiado poco para mover a unir la propia vida a Aquél que está suspendido en la cruz. ¿Cómo explicar que, generación tras generación, esta terrible visión haya atraído a una multitud incontable de personas, que han hecho de la cruz el distintivo de su fe? ¿De hombres y mujeres que durante siglos han vivido y dado la vida mirando este signo? Cristo atrae desde la cruz con la fuerza del amor, del Amor divino, que ha llegado hasta el don total de sí mismo; del Amor infinito, que en la cruz ha levantado de la tierra el peso del cuerpo de Cristo, para contrarrestar el peso de la culpa antigua; del Amor ilimitado, que ha colmado toda ausencia de amor y ha permitido que el hombre nuevamente encuentre refugio entre los brazos del Padre misericordioso. ¡Que Cristo elevado en la cruz nos atraiga también a nosotros, hombres y mujeres del nuevo milenio! Bajo la sombra de la cruz, «vivimos en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma» (Ef 5,2). ORACIÓN Cristo elevado, Amor crucificado, llena nuestros corazones de tu amor, para que reconozcamos en tu cruz el signo de nuestra redención y, atraídos por tus heridas, vivamos y muramos contigo, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. R/.Amén.
DECIMOSEGUNDA ESTACIÓN:
JESÚS MUERE EN LA CRUZ «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). En el culmen de la Pasión, Cristo no olvida al hombre, no olvida en especial a los que son la causa de su sufrimiento. El sabe que el hombre. Más que de cualquier otra cosa, tiene necesidad de amor: tiene necesidad de la misericordia que en este momento se derrama en el mundo. «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43). Así responde Jesús a la petición del malhechor que estaba a su derecha: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino» (Lc 23,42) La promesa de una nueva vida. Este es el primer fruto de la pasión y de la inminente muerte de Cristo. Una palabra de esperanza para el hombre. A los pies de la cruz estaba la madre, y a su lado el discípulo, Juan evangelista. Jesús dice: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27). «Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19,27). Es el testamento para las personas que más amaba. El testamento para la Iglesia. Jesús al morir quiere que el amor maternal de María abrace a todos por los que Él da la vida, a toda la humanidad. Poco después, Jesús exclama: «Tengo sed» (Jn 19,28). Palabra que deja ver la sed ardiente que quema todo su cuerpo. Es la única palabra que manifiesta directamente su sufrimiento físico. Después Jesús añade: «¡Dios mio, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; cf. Sal 21 [22], 2); son las palabras del Salmo con el que Jesús ora. La frase, no obstante la apariencia, manifiesta su unión profunda con el Padre. En los últimos instantes de su vida terrena, Jesús dirige su pensamiento al Padre. El diálogo se desarrollará ya sólo entre el Hijo que muere y el Padre que acepta su sacrificio de amor. Cuando llega la hora de nona, Jesús grita: «¡Todo está cumplido!» (Jn 19,30). Ha llevado a cumplimiento la obra de la redención. La misión, para la que vino a la tierra, ha alcanzado su propósito. Lo demás pertenece al Padre: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). Dicho esto, expiró. «El velo del Templo se rasgó en dos...» (Mt 27,51). El «santo de los santos» en el templo de Jerusalén se abre en el momento en que entra el Sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza. ORACIÓN Señor Jesucristo, Tú que en el momento de la. agonía no has permanecido indiferente a la suerte del hombre y con tu último respiro has confiado con amor a la misericordia del Padre a los hombres y mujeres de todos los tiempos con sus debilidades y pecados, llénanos a nosotros y a las generaciones futuras de tu Espíritu de amor, para que nuestra indiferencia no haga vanos en nosotros los frutos de tu muerte. A ti, Jesús crucificado, sabiduría y poder de Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. R/.Amén.
DECIMOTERCERA ESTACIÓN:
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A LA MADRE Han devuelto a las manos de la Madre el cuerpo sin vida del Hijo. Los Evangelios no hablan de lo que ella experimentó en aquel instante. Es como si los Evangelistas, con el silencio, quisieran respetar su dolor, sus sentimientos y sus recuerdos. O, simplemente, como si no se considerasen capaces de expresarlos. Sólo la devoción multisecular ha conservado la imagen de la «Piedad», grabando de ese modo en la memoria del pueblo cristiano la expresión más dolorosa de aquel inefable vínculo de amor nacido en el corazón de la Madre el día de la anunciación y madurado en la espera del nacimiento de su divino Hijo. Ese amor se reveló en la gruta de Belén, fue sometido a prueba ya durante la presentación en el. Templo, se profundizó con los acontecimientos conservados y meditados en su corazón (cfr. Lc 2, 51). Ahora este íntimo vínculo de amor debe transformarse en una unión que supera los confines de la vida y de la muerte. Y será así a lo largo de los siglos: los hombres se detienen junto a la estatua de la Piedad de Miguel Ángel, se arrodillan delante de la imagen de la Melancólica Benefactora («Smetna Dobrodziejka») en la iglesia de los Franciscanos, en Cracovia, ante la Madre de los Siete Dolores, Patrona de Eslovaquia; veneran a la Dolorosa en tantos santuarios en todas las partes del mundo. De este modo aprenden el difícil amor que no huye ante el sufrimiento, sino que se abandona confiadamente a la ternura de Dios, para el cual nada es imposible (cf. Lc 1, 37). ORACIÓN Salve, Regina, Mater misericordiae; vita dulcedo el spes nostra, salve. Ad te clamamus... illos tuos misericordes oculos ad nos converte et Iesum, benedictumfructunz ventris tui, nobis post hoc exilium ostende. Alcánzanos la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad, para que también nosotros, como tú, sepamos perseverar bajo la cruz hasta al último suspiro. A tu Hijo, Jesús, nuestro Salvador, con el Padre y el Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos R/.Amén.
DECIMOCUARTA ESTACIÓN:
EL CUERPO DE JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO «Fue crucificado, muerto y sepultado...». El cuerpo sin vida de Cristo fue depositado en el sepulcro. La piedra sepulcral, sin embargo, no es el sello definitivo de su obra. La última palabra no pertenece a la falsedad, al odio y al atropello. La última palabra será pronunciada por el Amor, que es más fuerte que la muerte. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» ( Jn 12, 24). El sepulcro es la última etapa del morir de Cristo en el curso de su vida terrena; es signo de su sacrificio supremo por nosotros y por nuestra salvación. Muy pronto este sepulcro se convertirá en el primer anuncio de alabanza y exaltación del Hijo de Dios en la gloria del Padre, «Fue crucificado, muerto y sepultado (....) al tercer día resucitó de entre los muertos». Con la deposición del cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro, a los pies del Gólgota, la Iglesia inicia la vigilia del Sábado Santo. María conserva en lo profundo de su corazón y medita la pasión del Hijo; las mujeres se dan cita para la mañana del día siguiente del sábado, para ungir con aromas el cuerpo de Cristo; los discípulos se reúnen, ocultos en el Cenáculo, hasta que no haya pasado el sábado. Esta vigilia acabará con el encuentro en el sepulcro, el sepulcro vacío del Salvador. Entonces el sepulcro, testigo mudo de la resurrección, hablará. La losa levantada, el interior vacío, las vendas por tierra, será lo que verá Juan, llegado al sepulcro junto con Pedro: «Vio y creyó» (Jn 20, 8). Y, con él, creyó la Iglesia, que desde aquel momento no se cansa de transmitir al mundo esta verdad fundamental de su fe: «Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de todos los que han muerto» (1 Co 15, 20). El sepulcro vacío es signo de la victoria definitiva, de la verdad sobre la mentira, del bien sobre el mal, de la misericordia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. El sepulcro vacío es signo de la esperanza que «no defrauda» (Rm 5, 5). «Nuestra esperanza está llena de inmortalidad» (Sb 3, 4).
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que por el Padre, con la potencia del Espíritu Santo, fuiste llevado desde las tinieblas de la muerte a la luz de una nueva vida en la gloria, haz que el signo del sepulcro vacío nos hable a nosotros y a las generaciones futuras y se convierta en fuente viva de fe, de caridad generosa y de firmísima esperanza. A ti, Jesús, presencia escondida y victoriosa en la historia del mundo honor y gloria por los siglos R/.Amén. Traducción distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Real Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre JESUS del GRAN PODER y María Santísima de la ESPERANZA MACARENA
www.granpoderymacarena.cjb.net
La Semana Santa en Madrid
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PROCESIONES Y OTROS ACTOS Viernes de dolores: Cristo de la Fe y del Perdón: 19.30 h., a hombros de los nuevos Hermanos, basílica de SanMiguel (calle San Justo, 4). Soledad y Desamparo: 19 h., parroquia de San Fermín (avda. San Fermín, s/n). Nuestra Señora de las Angustias: 20 h., salida desde su Parroquia, en Aranjuez. Domingo de Ramos: Representación de la Pasión: víspera, día 15 de abril, 21 h., parroquia Virgen de la Providencia y San Cayetano (calle Ferrer del Río, 18). Cristo de la Fe y del Perdón y María Santísima Inmaculada: 20 h., basílica de San Miguel (calle San Justo, 4). La Pasión, de Bach: concierto de órgano, interpretado por la Pierre Farago: 20 h. catedral de La Almudena. Martes santo: Santísimo Cristo del Perdón: 21 h., parroquia de San Antonio, Aranjuez. Miércoles Santo: Cristo de la Columna o de las Piñas: 23 h., Alcalá de Henares (calle de la Imagen). Vía Crucis: 20 h. Plaza Mayor, Madrid. Jesús Nazareno de la Salud: 20 h., San Jerónimo el Real (calle Moreto, 4). Nuestro Padre Jesús Nazareno: 20.30 h., parroquia Ntra. Sra. de las Angustias, Aranjuez. |
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Jueves Santo: Jesús el Pobre y María Santísima del Dulce Nombre en su soledad: 19 h., iglesia de San Pedro el Viejo (calle Nuncio, 15). Santísimo Cristo de la Fe: 19, 30 h. (calle Atocha, 37). El Divino Cautivo: 20 h., colegio Calasancio (calle General Díaz Porlier, 58). Jesús Nazareno y Virgen de la Soledad: 20 h., parroquia de San Andrés, en Villaverde Alto (calle Oxígeno, 15). Jesús del Gran Poder y Esperanza Macarena: 20 h., colegiata de San Isidro (calle Toledo, 37). Cristo de la Misericordia y del Perdón: 23 h., parroquia de San Sebastián Mártir (plaza de la Parroquia, s/n). Representación de la Pasión: 20 h., Morata de Tajuña. Encuentro para los niños: desde las 20 h. del Jueves Santo y hasta las 17 h. del Viernes Santo, templo diocesano de San Martín (calle Desengaño 26). Podrán llevar una flor o encender una vela a Jesús Sacramentado. Cena del Señor: 19 h. Via Crucis predicado de la Cofradía del Silencio: 23 h., parroquia de San Antonio, Aranjuez. Viernes Santo: Jesús de Medinaceli y Virgen de los Dolores: 19 h., basílica Jesús de Medinaceli (plaza de Jesús, 2). El Divino Cautivo: 19.30 h., colegio Calasancio (calle General Díaz Porlier, 58). Cristo Custodio: 19 h., iglesia de las Descalzas Reales (plaza Descalzas, 3). Cristo del Desamparo y la Dolorosa: 19 h., parroquia de la Concepción de Pueblo Nuevo (calle Arturo Soria, 5). Siete Dolores: 19,30 h. parroquia de Santa Cruz (Atocha, 6). Santo Entierro: 21 h. parroquia de Santa Cruz (Atocha, 6). Santa Cruz, Santo Sepulcro y Soledad: 20 h., parroquia de San Andrés, en Villaverde Alto (calle Oxígeno, 15). Sermón de las Siete Palabras: 12 h., parroquia de San José (calle Alcalá, 43). Procesión del Silencio de Carabanchel: 21 h., parroquia de San Sebastián Mártir (calle Parroquia s/n). Procesión del Silencio: 20.45 h., Santísimo Cristo de la Fe (calle Atocha, 87 bis). Vera Cruz: 23 h., parroquia de San Miguel Arcángel, de Fuencarral (calle Islas Bermudas, 28). Cristo de la Columna o de las Piñas: 20 h., Alcalá de Henares (calle de la Imagen). Santo Entierro (todas las cofradías): 20 h., parroquia de San Pascual, Aranjuez. Representación de la Pasión: 22 h., Carabaña. Procesión de Viernes Santo: Getafe, presidida por el obispo de la diócesis, a continuación de los Oficios, desde la catedral. Procesión "La Oficial": 20.30 h., Alcalá de Henares, presidida por el obispo desde la catedral-magistral. Sábado Santo: Virgen Dolorosa: 8 h., basílica de Jesús de Medinaceli (plaza de Jesús, 2). Soledad y Desamparo: 17 h., parroquia de San Ginés (calle Arenal, 12). Sermón de la Soledad: 12 h., templo diocesano de San Martín (calle Desengaño 26). Representación de la Pasión: 20.45 h., Chinchón; y 21.45 h., Belmonte de Tajo. RETRANSMISIONES TVE-2 Domingo de Ramos: de 9.55 a 12.30 h., desde el Vaticano. Viernes Santo: Vía Crucis: de 21.15 a 22.30 h., desde El Coliseo, en Roma.
Sábado Santo: Domingo de Resurrección: 10.25 h., desde la Basílica de San Pedro, en Roma. Bendición Urbi et Orbi: 12.15 h., desde el Vaticano. TELEMADRID De lunes a viernes: retransmisión de diversas Procesiones dentro del programa Madrid Directo: de 19 a 20,30 h. RNE-1 Domingo de Ramos: 8,10 h., retransmisión de la Eucaristía. Domingo de Resurrección: 12 h. Misa de Resurrección desde el Vaticano, Bendición Urbi et Orbi y el Mensaje de Pascua del Papa . RNE-2 (Radio Clásica) Semana de Música Religiosa de Cuenca: desde el Domingo de Ramos, todos los días a las 19.55 h., (excepto el Lunes Santo, a las 22.30 h.) La Pasión según San Juan, de Johann Sebastian Bach: desde el Jueves hasta el Sábado Santo, de 0 a 01.00 h. Viernes Santo: Programación especial, Mil años de música sacra. COPE Domingo de Resurrección: Bendición Urbi et Orbi y felicitación pascual del Papa, desde el Vaticano (11.50-12.20 h.) PD, La programacionp uede sufrir cambios.
MADRID +ACTOS LITURGICOS PRESIDIDOS POR EL OBISPO + Catedral de la Almudena Domingo de Ramos: 11.30 h., Bendición y procesión de ramos en el monasterio de la Encarnación, que acabará en la catedral. 12 h., celebración eucarística. Martes Santo: 12 h., Misa Crismal Miércoles Santo: 20 h., Via Crucis por la Plaza de Oriente. Jueves Santo: 12 h., Celebración comunitaria de la Penitencia. 18 h., Misa de la Cena del Señor. (La iglesia catedral permanecerá abierta hasta las 22 h.) Viernes Santo: 18 h., Pasión y Muerte del Señor. Sábado Santo: 23 h., Vigilia Pascual, con bautismo de adultos. Domingo de Resurrección: 12 h., Misa de Pascua de Resurrección. Catedral de Getafe Domingo de Ramos: 12 h., Bendición de ramos en el Hospitalillo de San José, procesión hasta la catedral donde se celebrará la Eucaristía. Martes Santo: 18 h., Misa Crismal. Jueves Santo: 19 h., Misa de la Cena del Señor; 23 h. Hora Santa con Jesús en el Monumento y Vigilia de la Adoración Nocturna. Viernes Santo: 17 h., Pasión y Muerte del Señor. Sábado Santo: 23 h., Vigilia Pascual, con bautismo de adultos. Domingo de Resurrección: 12,30 h., Misa de Pascua de Resurrección. Catedral de Alcalá Domingo de Ramos: 10,30 h., Bendición y procesión de ramos en la plaza del Palacio Arzobispal. 12 h. Santa Misa en la catedral. Martes Santo: 23 h., Via Crucis, organizado por la Adoración Nocturna. Miércoles Santo: 11 h., Misa Crismal. Jueves Santo: 17,30 h., Misa de la Cena del Señor. Viernes Santo: 17,30 h., Pasión y Muerte del Señor. Sábado Santo: 23 h., Vigilia Pascual, con bautismo de adultos. Domingo de Resurrección: 12 h., Misa de Pascua de Resurrección. OTROS OFICIOS LITURGICOS EN MADRID Monasterio de El Escorial: Domingo de Ramos, 12,45 h. Jueves Santo, 19 h. Viernes Santo, 18 h. Vigilia Pascual, 23 h. Domingo de Resurrección, 13 h. Cerro de los Ángeles: Domingo de Ramos, 11,45 h. Jueves Santo, 18 h.; HoraSanta: 24 h. Viernes Santo, Via Crucis: 12 h.; Oficios: 17 h. Vigilia Pascual, 22 h. Valle de los caidos: Domingo de Ramos, 11 h. Jueves Santo, 17 h. Viernes Santo, 17 h. Vigilia Pascual, 22,30 h. Domingo de Resurrección, 11 h. Oblatas de Cristo Sacerdote (Gregoriano) (calle General Aranaz, 22) Domingo de Ramos: 10,30 h. Jueves Santo: 19 h. Viernes Santo: 15,30. Sábado Santo: 12 h. Stabat Mater . Vigilia Pascual: 22 h. Domingo de Resurrección: 10,30 h. |

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LA PASCUA: BENDICIÓN DE DIOS AL HOMBRE |
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Punto y seguido de la Resurrección para reconocer los rasgos de su presencia en nuestro mundo Senda para caminar con la sensación que produce el sentirnos vencedores de la noche oscura Ejercicio para observar con ojos nuevos a los acontecimientos y a las personas Travesía con el vino de la alegría que nos ha dejado el sepulcro vacío |
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LA PASCUA : BENDICIÓN DE CRISTO AL HOMBRE |
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Para recoger el testigo que El nos deja Para saborear las palabras que precedieron a las horas más decisivas de su vida Para reflexionar sobre el modo de la vida que llevamos y el que debiéramos lograr Para seguir en la brecha, en medio de la encrucijada de cada día, como amigos del que nunca falla |
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LA PASCUA: BENDICIÓN DEL ESPÍRITU SANTO |
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Para nacer de nuevo y ..más de dentro hacia fuera que de fuera hacia adentro Para recuperar ,en formas y vida, la fe y la esperanza en el Señor Para sentirnos tocados por la Gracia que siempre eleva y reconforta Para, ungidos por la mano de Dios, dar solera de su presencia a nuestras palabras y obras. |
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LA PASCUA |
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Paso de lo antiguo a lo nuevo. De la duda a la certeza, de la incredulidad a la Fe: "!CREO!" Travesía que siempre deja algo detrás del caminante: "¡ME FIO!" Horizonte que nos aguarda una novedad o, por lo menos, un "Alguien": "!CONFIO¡" Un calendario en el que siempre hay un punto de partida y, por lo tanto, una meta que alcanzar: "!ME SUPERARE!" |
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