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Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu … Antes de comenzar su vida pública, su predicación, Jesús dedica cuarenta días a la oración y al ayuno. Nos enseña así cuál es la base firme e imprescindible de toda vida y de toda acción apostólica: si queremos acercar a los demás a Dios tenemos que empezar, como Cristo, por la oración y el sacrificio. Algunos piensan que lo más eficaz para atraer las almas a Dios es hablar, convencer, disponer de muchos medios materiales... Se equivocan, y tarde o temprano sufren la amargura del fracaso. La eficacia apostólica radica en la unión con Cristo. El apóstol más eficaz será el que más unido esté a Cristo. Por tanto, si quieres que se acerque a Dios aquella persona amiga que no quiere saber nada, que parece perdida, lo primero que has de hacer es rezar y ofrecer por ella horas de trabajo y pequeños sacrificios. Y después, sin miedo, sin respetos humanos, habla con ella a solas. Te sorprenderás muchas veces de la eficacia divina. Es una tentación frecuente poner nuestros intereses materiales por delante de los bienes del espíritu. Tenemos que convencernos de que lo más importante que hemos de hacer cada día es alimentar nuestro espíritu con la oración y la Eucaristía. Después viene todo lo demás: las relaciones familiares y sociales, el trabajo, la comida, el descanso, que sabremos convertir en ocasiones de agradar a Dios y servir a los demás. Algunos viven al revés. Su lema es: “primero yo”. Dios y los demás quedan en un segundo lugar, cada vez más pequeño, porque el yo tiende a ocuparlo todo. Señor, que mi lema sea: “primero Dios”. Ayúdame a no dejar nunca la oración, la conversación íntima contigo y con tu Madre, la Eucaristía, la Confesión frecuente. Sólo así tendré después la fuerza para ocuparme de hacer felices a los demás. Recordamos las palabras de un hombre muy enamorado de la Virgen, San Bernardo: «En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara» Meditaciones del camino |
