Parroquia Santa Catalina de Alejandría |
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HISTORIA
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Santa. Catalina de Alejandría (Caravaggio) Santa. Catalina antes de su remodelación
Historia de Santa Catalina de Alejandría Las
noticias sobre la vida de Catalina nos las proporcionan documentos muy tardíos,
el más antiguo de los cuales es la Passio, redactada inicialmente en
griego (ss.VI-VIII) y muy conocida a partir del s. IX a través de la versión latina, cuyo contenido en síntesis es
el siguiente:
Cuando el emperador Majencio fue a Alejandría, ordenó a todos los súbditos
sacrificar a los dioses. También Catalina, joven de estirpe real, entró en el
templo, pero en lugar de sacrificar hizo la señal de la cruz. Dirigiéndose
después al emperador, le reprendió exhortándole a conocer el verdadero Dios.
Majencio ordenó conducir a la joven a palacio. Aquí le pidió que sacrificase,
pero ella se negó, invitando al emperador a un debate. Convocó entonces a
todos los sabios que, convertidos por Catalina, fueron condenados por él a
muerte. Posteriormente trató de convencerla con lisonjeras promesas, pero sin
lograrlo, por lo que ordenó flagelarla y encerrarla en prisión. Durante la
reclusión fue alimentada por una paloma y visitada por Cristo y los ángeles.
También la emperatriz fue a verla en compañía de un oficial llamado Porfirio,
el cual se convirtió con otros doscientos soldados. El emperador mandó llevar
nuevamente a palacio a Catalina y le renovó las seductoras promesas, pero sin
conseguir su objetivo. Pensó entonces en aterrorizarla con la amenaza de
atroces tormentos. A tal fin hizo construir un instrumento de tortura
consistente en cuatro ruedas provistas de cuchillas afiladas. Catalina no se dejó
intimidar. Arrojada a la horrible máquina, salió ilesa, pero las ruedas se
rompieron y provocaron la muerte de muchísimos soldados paganos. La emperatriz
trató de interceder ante el marido en favor de Catalina, pero cuando declaró
que se había convertido a la fe cristiana le amputaron los pechos y fue
decapitada. También Porfirio, que se declaró cristiano, fue decapitado con sus
doscientos soldados. Catalina fue sometida a la misma pena. Antes de recibir el
golpe mortal elevó a Dios una oración por sus devotos y fue escuchada
inmediatamente por el Señor, que le habló desde una nube. Al decapitarla, de
la herida salió leche y no sangre. Los ángeles transportaron su cuerpo al
monte Sinaí y lo depositaron en un sepulcro del cual, el día conmemorativo de
la santa, salía leche y aceite que curaban de todas las enfermedades.
La
Passio se presenta como un conjunto de lugares comunes hagiográficos sin
el menor valor histórico. También los intentos de identificar a Catalina con
la noble y docta virgen alejandrina que no se dejó seducir por las lisonjas,
muerta por fanáticos cristianos, resultan infundados, entre otras cosas por dos
razones: porque fue exiliada y no decapitada y porque murió pagana. Sobre
Catalina existen muchos otros
textos hagiográficos, también en lengua vulgar. Destacan entre otros, la Conversio,
que contiene nuevas noticias, introducidas quizá bajo la sugestión de la mística
femenina benedictina, concernientes a la infancia y a los místicos esponsales
con Cristo, y la Vita contenida en la Legenda aurea de Jacobo de
Vorágine. Cabe señalar además la Vita compuesta en inglés por John
Capgrave en torno a 1445. La
fiesta de Catalina se celebra el 25 de noviembre. Su culto, cuyo primer vestigio
es una pintura del s. VIII encontrada en Roma, se difundió sobre todo a partir
de la segunda mitad del s. X. Popular en el siglo siguiente, especialmente en
Francia, se propagó en el s. XII por muchas partes de Europa, entre otras cosas
por obra de los cruzados. En el s. XIII las órdenes monásticas más antiguas
empezaron a celebrar la fiesta de santa Catalina, costumbre documentada también
entre los frailes mendicantes desde su fundación. La Universidad de París la
proclamó su patrona. Hoy es protectora de los estudiantes, filósofos,
prisioneros, jóvenes casaderas y de cuantos se relacionan por su oficio con las
ruedas: carreteros, molineros, etc. La popularidad del culto explica su
consistente presencia en la literatura, en el folclore y en las artes
figurativas, donde se hallan los atributos iconográficos más comunes: la rueda
arpada y la espada, que indican el martirio; la corona, con la alusión a la
realeza, y el libro, símbolo de la sabiduría. En España, es patrona de la
ciudad de Jaén. Historia
y leyenda Catalina, hija del
rey Costo, estudió desde niña las artes liberales. A los
18 años vivía huérfana,
rodeada de criados y riquezas, bajo el dominio del césar Maximino,
que, por aquella época, hacia el año 310, promulgó
un edicto, ordenando que acudieran a Alejandría todos los habitantes
de la comarca, para ofrecer sacrificios a los dioses, castigando severamente
a cuantos se negasen. Catalina se presentó
ante él y mantuvo un largo debate sobre el creador del mundo y las
leyes que lo rigen. Maximino, profundamente impresionado por su belleza
y sabiduría, inquirió de la joven quién era comprendiendo
que para ella lo único importante era Jesucristo, a cuyo amor vivía
consagrada, y que no estaba preparado para debatir con ella, por ello mandó
llamar secretamente a los más famosos sabios del imperio, y al enterarse
Catalina, se encomendó al Señor, que por medio de un ángel,
le hizo saber que no sólo derrotaría a sus oponentes, sino
que que los convertiría y prepararía para recibir el martirio. Y así ocurrió:
los oradores quedaron atónitos y se vieron obligados a guardar silencio,
no siendo capaces de replicarle, por lo que todos ellos, convencidos por
sus argumentos irrebatibles, se convirtieron al Cristianismo. El tirano
se enfureció y les condenó a la hoguera, en la que murieron
milagrosamente sin ser ni siquiera chamuscados por las llamas. Al negarse Catalina a ser
primera dama del césar, mandó éste que la azotaran
con cadenas y escorpiones, la encerraran en un calabozo oscuro y la mantuvieran
incomunicada y sin alimentar. La emperatriz, acompañada del general
Porfirio, se presentó secretamente en la prisión, quedando
sorprendida al ver la mazmorra iluminada por los ángeles que curaban
las heridas a Catalina, que le correspondió exponiéndole
la doctrina cristiana y convirtiéndola a la fe de Cristo, anunciándole
que, también ella, sería recompensada con la corona del martirio.
Porfirio, conmovido por cuanto vio y oyó, se convirtió también
y con él muchos de sus soldados. Durante aquellos días
de prisión, Cristo la alimentó con un manjar celestial que
una paloma blanca le llevaba a diario. Al ver tal prodigio, el césar
quiso convertirla en reina y cubrirla de honores, pero catalina prefirió
seguir consagrada a su esposo omnipotente y eterno que entregarse a un
hombre despreciable y pendenciero. De nuevo le fue planteado
el dilema: ofrecer sacrificios a los dioses o morir entre torturas. Los
prefectos del emperador idearon unas ruedas cuajadas de agudísimos
clavos y cuchillas que destrozarían su cuerpo. Catalina oró,
y las ruedas saltaron en mil pedazos, hiriendo a sus verdugos. La emperatriz
recriminó al emperador su crueldad que, colérico, ordenó
que le arrancaran de cuajo los pechos, y luego le cortaran la cabeza. Y
así fue martirizada, confortada por la santa. Porfirio consiguió
enterrar su cuerpo reverentemente y se presentó al césar
para decírselo, y exculpar a los soldados, haciéndole saber
que también él era cristiano. La mayoría de los presentes
manifestaron lo mismo y que estaban dispuestos a morir antes que renegar
de su fe, por lo que, ciego de ira, condenó a todos a morir degollados. Y de nuevo intentó
seducir a Catalina, esta vez ofreciéndole compartir el trono. Catalina
declaró estar dispuesta a compartir los anteriores tormentos antes
que aceptar sus proposiciones, y fue sentenciada a morir ese mismo día
decapitada. Al oír esto, levanto los ojos al cielo y oró:
" ¡ Señor Jesús, te suplico me escuches, a mi y a cuantos
a la hora de su muerte, recordando mi martirio, invoquen tu nombre !" Entonces
se oyó una voz de lo alto que decía: "¡ Ven amada mía,
esposa mía, que ya están abiertas las puertas del paraíso,
para acogerte en él !, ¡ Yo te prometo que ampararé
a cuantos recuerden cuánto has sufrido por mí y honren tu
memoria !" Instantes después,
la espada cercenaba su cabeza, pero no brotó sangre, sino leche,
y los ángeles recogieron su cuerpo y lo trasladaron al monte Sinaí,
donde reposa desde entonces, exhalando un delicioso aroma que devuelve
la salud a cuantos lo aspiran.
Historia de la parroquia En las Relaciones, mandadas hacer por su majestad en el año 1579, se precisa, que la Villa de la Alameda tiene una iglesia nuevamente reedificada, de una sola nave, muy alegre y vistosa, bajo la advocación de Sta. Catalina Virgen y Mártir, con buenos ornamentos, ser anexa de la parroquial de S. Pedro de barajas, Arciprestazgo de Madrid y Arzobispado de Toledo. Tiene un ingente crucifijo de gran devoción en la comarca, de dos metros y medio de alto, clavado en cruz y pesa 8 kilos. La imagen fue traída por un vecino de las Indias y siendo recibida en Madrid con una gran solemnidad del clero, de cruces y pendones nobiliarios, y a ello asistieron gran multitud de gentes. Se refiere que el 1 de Mayo de 1773 hubo una enorme sequía, a lo que la imagen fue llevada a Ntra. Sra. de Atocha de Madrid, donde tras devoto novenario vino a caer gran cantidad de agua, remediando los panes y los trigos que mejoraron mucho. Se conmemoraban en aqueste lugar de las Alamedas a los Santos Sebastián y Roque, que poseen pequeñas ermitas; dichos santos abogan contra la peste que hubo aquestos años. Igualmente se guarda la fiesta de S. Pantaleón , intecesor contra el escarabajo que destruía los viñedos. (Los viejos gustaron uvas por ende C/ Rioja y Club Brezo). En el camino de la corte, de Toledo a Zaragoza, había junto a un mesón otra ermita de cal y canto al nombre de S. Cristóbal, muy visitada por peregrinos y caminantes. A un tiro de arcabuz hay un viejo monasterio de monjas de Sto. Domingo el Real de Madrid. (Fue expropiado por la Desamortización, hoy Colegio de Osuna). Dicho Monasterio tenía muchas huertas, fincas y heredades y lo habitaba un Mayordomo con el cargo de cobrar las rentas. Mas tarde los duques de Osuna patrocinan la iglesia y crean la Villa de Osuna. Proponen el Cura Regidor de la Iglesia, se añaden las imágenes de la Soledad y S. Francisco de Asís. Conciben el oratorio franciscano dentro del palacio. Entre cipreses hay fosas con losas. Los duques esperaban que los frailes de dura disciplina y oración, paliaran las maldades que ellos pudieran cometer. La pequeña ermita del parque, cubierta de musgo, rodeada de cipreses, junto a la alberca, con fuente que mana, con un pedestal de asiento para los frailes, lugar de mayor soledad, con una estatua de ermitaño sentado, envuelto con duro sayal, ceñido de cuerda y rosario en mano, libro abierto, figura impresionante y casi viviente, evocaba al beato Arsenio, que durante 26 años residió en el lugar intercediendo a Dios por las liviandades de los señores duques. La casa de Osuna introdujo la hermandad de Santo Niño Jesús, devoción muy celebrada en todas las posesiones del Duquesado, así pueblo de Osuna (Sevilla). La iglesia antes de la Desamortización tenía la huerta de Nuestra Señora de la Concepción. Un fuego en 1782 y la Posición Jaca que en 1936 utilizóla como almacén destruyeron archivos y mucho de ayer. En la actualidad ha sido
remodelada bajo proyecto de Jaime Luque.La reforma se acabó en Noviembre
de 1996.
Sta. Catalina en la actualidad |