IGLESIA
DEL MONASTERIO
DE SANTA CLARA
La iglesia es de una sola nave, con bóveda de cañón, con capillas hornacinadas, construida en sillería. Cúpula en el crucero con yeserías planas, portada de cantería.

La primitiva iglesia estaba dedicada al Espíritu Santo, y sobre ella se fabricó la actual a principios del siglo XVII en el más puro estilo del renacimiento clásico; la actual portada con su coronación de cruces escritas, capillas e imágenes del templo, paredes del coro, reja mayor y azulejos… condicionando la edificación nueva a que siguiera advocado el Espíritu Santo; el tríptico existente dedicado al Espíritu Santo es gemelo del otro tríptico en honor a San Blas, y aún cuando poseen un valor más histórico que artístico, no carece de importancia el colorido de la pintura, bien conservada a pesar de su antigüedad. "Estos dos retablos colaterales se hicieron de la limosna de D. Andrés de Espinosa, Dean de la Santa Iglesia de Cuenca y camarero de S. Santidad Clemente VIII. Acabáronse a primeros de septiembre de 1.596".

Piezas de gran valor artístico son la talla de La Piedad y el Cristo Crucificado de Gregorio Hernández; ambas de vigoroso realismo, con expresión maravillosa de gran patetismo y delicadeza en las actitudes y pliegues de la vestimenta.

El retablo del altar mayor es de una perfecta simetría en la disposición de pinturas y esculturas. A cada lado del Cristo Crucificado - en la parte superior- están las imágenes de S. Francisco y S. Antonio… Más arriba hay una pintura del Padre Eterno y dos figuras superpuestas en sus correspondientes hornacinas. En el lado izquierdo, también simétricamente, otra pintura de la Ascensión del Señor en homenaje al deseo y dedicación de la Madre Luisa de la Ascensión.

El mausoleo de alabastro existente en el brazo del crucero, contiene los restos de doña Aldonza Manrique, Condesa de Castañeda, quien donó al monasterio diversos bienes inmuebles y una importante suma en efectivo. Las figuras y escudos nobles, son de piedra primorosamente tallada…

El muro que separa la iglesia y el coro, está bellamente decorado con azulejos de Talavera, de excelente factura colorista, del siglo XVII…

En una arqueta, situada en una hornacina del coro bajo, reposan los restos de la madre Luisa de la Ascensión, la célebre "monja de Carrión", gran restauradora del Monasterio.