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TESTIMONIO |
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Mi nombre es Jesús Rubio, soy seminarista de tercer curso y tengo 36 años. Agradezco la oportunidad que la Pastoral de Vocaciones y en última instancia el seminario me ofrece de poder compartir la llamada de Dios al sacerdocio en mi vida. Nazco en el seno de una familia cristiana, soy el menor de dos hermanos y mi vida ya desde los 11 meses, está marcada por el fallecimiento de mi padre (esto va a ser significativo en mi personalidad). Tenemos un negocio familiar al cual tengo que ayudar junto con las actividades normales de cualquier otro niño. Desde la Comunión sentí un cariño especial a ayudar en el Altar, estar más cerca del Jesús que las Hermanas de Santa Luisa de Marillac y D. Miguel Ángel Santos (párroco de Villaverde Bajo) me habían anunciado. No obstante, yo no aceptaba ni entendía mi historia: '¿Por qué tengo que trabajar?, ¿Por qué soy tan delgaducho?, Soy distinto a los otros niños'. En esta situación y con trece años entré a formar parte de un Comunidad Neocatecumenal en mi barrio. Fue una experiencia grande en la que iba descubriendo poco a poco quién era realmente. Con 19, 20 años en una convivencia de catequistas en el Valle de los Caídos pude sentir una llamada muy fuerte de Dios para mi vida. Se proclamaba la resurrección de Jesús a los apóstoles y entraba en la sala donde estaban, les anunciaba la paz y traía alegría a sus corazones. Yo sentí una paz como nunca más he vuelto a sentir de esa manera y me puse a disposición de la Iglesia para comenzar un pre-seminario y discernir qué era aquello que pasaba por mí. Ahora viene mi época de prueba; en mi fantasía, incredulidad y falta de Fe de entonces me enamoré de una chica y me parecía imposible el salir con ella. En medio de esto yo le pedía con todo mi corazón al Señor salir con ella; le dije si es verdad que existes, que eres Tú concédeme salir con esta chica y lo quiero ya; yo estoy muy contento con esto de la vocación pero lo que me gustaría es salir con ella, ¡y vaya si me lo concedió! Estuve más de dos años con ella y a punto de casarme y por pecados y por diversas circunstancias la situación no se llevó a término. Tuve una crisis existencial muy fuerte, abandoné la comunidad Neocatecumenal y la Iglesia y me dediqué a la buena vida. Salí con bastantes chicas y por una u otra razón no cuajaba. Decidí ser consumista y materialista. En medio de mi vacío, yo vivía en una situación parecida a la de mis compañeros de trabajo muy ocupado en llevar una vida alegre. Una noche después de un partido de fútbol y de alguna que otra copa, en una noche lluviosa tuve un aparatoso accidente de coche: en pocos segundos abatí con mi coche a otro vehículo, acabando casi en el río Manzanares y empotrado en una furgoneta del Samur. Salí aturdido preocupado por saber qué había pasado exactamente. En el otro vehículo viajaba una chica que acababa de comprarse el coche sin seguro y gracias a Dios no le pasó nada. Me acerqué a ella para ver cómo estaba y ella pidió a un guardia municipal que me hicieran la prueba de alcoholemia. A todo esto llega una grúa oportunamente y el conductor de ésta me indica que espere que va a hablar con el municipal. Acto seguido el guardia levanta las dos manos y me dice con voz enérgica me juego mi carrera, haga el favor de irse y tenga más cuidado. Al llegar a mi casa me acordé de un crucifijo que tenía bastante olvidado, sentí unas tremendas ganas de arrodillarme, comencé a llorar como nunca lo había hecho y reflexioné qué estaba haciendo con mi vida. Clamé al Señor y sentí un gran consuelo. Al día siguiente la consiguiente explicación a la empresa y sorprendentemente continúo con mi trabajo. Recuerdo a un catequista de mi parroquia a quién tenía gran aprecio (ha fallecido) le conté todo lo que me pasaba y me aconsejó que me confesar y volviera a la Iglesia. A partir de aquí mi vida empieza a ordenarse, experimento cómo la Iglesia es madre y cómo personas a las cuales yo había mentido, despreciado y echado la culpa de mis propias carencias me aceptan, me quieren y se alegran de mi vuelta a la Iglesia. Durante un tiempo largo vuelvo a recobrar la oración, voy a la Eucaristía diaria y noto gran consuelo en el rezo del Rosario. Siento un gran agradecimiento al Señor y vuelve a resonar dentro de mí la disposición y la llamada al sacerdocio. Comento esta situación con bastantes personas por miedo a equivocarme de nuevo; me animan a comenzar este camino con tranquilidad y pidiendo constantemente al Señor discernimiento en mi vida. Aparece una época febril misionera en la que pensaba que Dios me llamaba a contar sus maravillas en mi vida yendo a las misiones. Con un discernimiento con un sacerdote me dice que tranquilo que siga trabajando, que me prepare para ir a la universidad y ya veremos. Hay una invitación del señor Cardenal a los responsables del camino Neocatecumenal de que haya una presencia de neocatecumenales en el seminario conciliar de Madrid. Yo entonces estaba estudiando en Comillas y trabajando. Me enriquecía con las distintas experiencias eclesiales vividas en la universidad. Yo acepté esta invitación pensando que ya está bien de hacer mis planes. Yo no estoy para hacer lo que me apetezca sino en función de la Iglesia. Por último durante estos cuatro años de vida en el seminario, he entrado en un proceso de conocimiento personal que llega hasta hoy. Hay una riqueza en compartir con los compañeros. Mi vida se ordena cada vez más, es enriquecedor el ver y experimentar cómo el Espíritu Santo me va trabajando a través de una experiencia pastoral, con el compartir con los compañeros, la Eucaristía y oración diarias y sobre todo pidiendo al Señor que me indique cuál es su voluntad en mi vida. Cómo no estremecerse ante la necesidad de los hombres de nuestro tiempo de reconciliarse con el padre y poder vivir de la vida eterna aquí ya. Los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía son más que necesarios y los sacerdotes nos ayudan a ello. Termino este testimonio encomendando la vida de todo el Seminario, la mía en particular a nuestra madre la Santísima Virgen: 'Enséñanos a querer a tu Hijo como lo has querido tú'
Jesús Rubio
González
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