Encuentro con Jesús 1: El corazón de Jesús

Todos tenemos un corazón. Está escondido en nuestro pecho, así que no lo vemos, pero a veces podemos oírlo y si corremos mucho incluso llegar a sentirlo.

Nuestro corazón es rojo y tiene una forma muy bonita.

El corazón sirve para hacer dos cosas:

1º – Sirve para mandar sangre a todo nuestro cuerpo y así poder funcionar bien: los pies podrán caminar, las manos aplaudir, el cerebro pensar y los labios besar.

Hay personas que su corazón está enfermo, no puede hacer bien su trabajo, y no envía tanta sangre al cuerpo, y entonces los pies se cansan enseguida de caminar, las manos tienen poca fuerza al aplaudir, el cerebro prefiere dormir a pensar, aunque lo más probable es que los labios sigan teniendo fuerza para besar.

Cuando el corazón está enfermo es importante ir al médico para que lo cuide y si puede lo cure.

2º – El corazón además sirve para amar. A nuestros padres, hermanos, abuelos, tíos y amigos les queremos con el corazón. Cuando el corazón funciona bien queremos a todo el mundo y hacemos lo posible por cuidarles, por darles cariño y asegurarnos que están bien.

Hay algunas personas que su corazón está dañado, ha sufrido alguna herida, y entonces no puede hacer bien esta labor, no consigue querer a todo el mundo, o a veces no sabe cómo hacerlo, o está más preocupado por quererse a sí mismo que a los demás. NO cuida a los demás, no sabe hacer favores, o responde con malos modos y no es cariñoso.

Cuando el corazón está herido de esta forma es importante ir a la familia y a los amigos, normalmente ellos saben curar las heridas del corazón, pero sobre todo es importante ir a ver a nuestro amigo Jesús. Jesús sabe curar todos los corazones, Jesús tiene una medicina especial para curar los corazones heridos que se llama “perdón”. Jesús cura el corazón perdonando lo que hemos hecho mal y enseñándonos a perdonar a los que no han hecho daño a nosotros.

Jesús también tiene un Corazón. El Corazón de Jesús normalmente también está escondido. Está en una caja especial que se llama sagrario, pero en la Misa el sacerdote lo saca del sagrario y le podemos ver, ¡incluso comer! Porque el Corazón de Jesús es tan limpio, tan puro, tan bueno, ¡que parece pan!, por eso nos lo podemos comer.

Aunque el Corazón de Jesús esté escondido en el sagrario si le rezamos con frecuencia a veces podemos oírlo y si le queremos mucho, mucho, mucho, a veces incluso podemos llegar a sentirlo.

El Corazón de Jesús no es rojo, sino que es blanco y es de forma completamente redonda. Es muy sencillo. Los jueves, en la parroquia, vamos a ver el Corazón de Jesús. D. Daniel lo pone en un marco con forma de sol y así podemos acercar nuestro corazón al suyo. Es el momento de darle gracias a Jesús por ser tan bueno y querernos tanto. También de pedirle perdón por lo que hemos hecho mal a los demás, a los que él tanto quiere. Antes de irnos le podemos pedir que nos ayude a quererle cada día más, y también querer más y mejor a nuestros padres, hermanos y amigos.

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